MIRANDO A EUROPA

Las empresas españolas miran desesperadamente al exterior como única oportunidad de supervivencia. Pero la necesidad y la voluntad no son suficientes para triunfar, hay que estar muy preparado para competir en la “Premier”.

A lo largo de estos largos meses de ausencia, de este mi espacio de reflexión, me he embarcado en un interesante y emocionante proyecto emprendedor que me tiene completamente dedicado en cuerpo y mente: Internacionalizar una pyme española y lanzarla a competir globalmente con los “Best in Class” del mundo digital.

Un proyecto ambicioso sin duda, en el que se conjugan retos personales, profesionales y empresariales, combinando juventud, conocimiento, talento y una voluntad de ser “alguien importante” en este entorno altamente competitivo. Y lo vamos a conseguir, sin duda, con mucho esfuerzo, trabajo duro, dedicación y foco máximo en los objetivos que nos hemos fijado en nuestro plan estratégico.

Pero no era este el objeto principal de mi artículo, si no más bien, el realizar una reflexión sobre lo que ha sido la experiencia vital y global de estos meses en los que he podido contrastar distintas realidades internacionales, tanto en Europa como en el resto del mundo.

En unas recientes jornadas celebradas en Madrid, sobre el 7º Programa Marco de la I+D de la Unión Europea para ayudar a las empresas españolas a tener éxito en las convocatorias del 2013, se nos alentó desde la mesa presidencial a buscar la vía exterior como única salida a sobrevivir financieramente, ya que la situación del país es realmente mala. Incluso se recordaron frases trasnochadas de Margaret Thatcher, que ya en su día lanzó a las sufridas tropas empresariales y centros de investigación en busca del mana europeo. Muy mal deben estar las cosas, cuando desde los más altos responsables de las instituciones nacionales se manejan algoritmos y formulas del siglo pasado.

Eran otros tiempos, otros escenarios y otras situaciones que deben analizarse detenidamente antes de viajar como la armada invencible y volver derrotados a los cuarteles de invierno sin haber disparado un solo tiro.

Pero así es, dicho y hecho. A lo largo de esta semana pasada, he tenido la oportunidad de viajar a Alemania, Polonia y Bélgica para asistir a distintos eventos de Networking organizados por la Unión Europea y ver de primera mano, como el número de empresas, organismos y entidades españolas que han salido a buscar desesperadamente alguna vía, alianza o consorcio duplicaba al número de participantes del siguiente país más numeroso. Pero por otro lado, el perfil de las pequeñas empresas españolas, especialmente me centraré en estas, en comparación con la media europea, estaba bastante desenfocado y disparaban a todo lo que se movía. Esto es, parecía la vieja historia del charlatán en la plaza del pueblo “cómpreme algo que tengo de casi todo”, bueno, bonito y barato.

La Comisión Europea, a la cual pertenecemos desde hace mas de dos décadas, y es bueno recordarlo, ya que a veces sólo nos acordamos de ella cuando tenemos que pedir y nada mas, ha puesto en marcha un ambicioso programa de incentivación y creación de empleo a través del desarrollo de un nuevo y fortalecido tejido emprendedor basado en pymes. Y sólo a través del desarrollo exitoso de este programa, se ve la oportunidad de creación de empleo más cualificado, estable y sostenible a lo largo de todos y cada uno de los países que conforman la Unión. Para ello, dentro del 7º Programa Marco del I+D+i, se fomenta e incentiva especialmente la implicación de pymes tecnológicas y su participación en los consorcios como elementos de aportación de valor y contribución diferencial y no meros acompañantes, como ha ocurrido hasta ahora.

Esto, sin duda, es una oportunidad a la que no podemos renunciar y es la hora de prepararse para competir en la Primera División Europea y estar en disposición de jugar los play-offs.

¿ Pero que es prepararse para competir?.

La pyme española, especialmente las tecnológicas, tienen un buen número de virtudes y es lo que en alguna medida, nos permite precualificarnos a la hora de competir en Europa: voluntad, ideas innovadoras, talento, vocación, buena formación y conocimientos técnicos cualificados, espíritu de sacrificio…pero esto, no es suficiente. Se puede ser bueno, pero hay que ser excelente para competir y ganar. A los subcampeones nadie los recuerda.

Ser excelente supone tener una visión clara, definida y líder del proyecto empresarial que queremos abordar. Un compromiso con la excelencia, que va más allá de hacer las cosas bien y con mucho esfuerzo. Hay que hacerlas mejor que nadie y además que lo parezca. Esto es, hay que venderlo mejor que nadie.

Ser excelente es tener el mejor equipo para llevar a cabo este proyecto. Los mejores directivos, los mejores técnicos y más formados y los empleados más cualificados y comprometidos con un proyecto común. Y todos comprometidos con el éxito.

Ser excelente es tener un plan de negocio que soporta la idea empresarial, que sea creíble y sin duda se vaya a cumplir, incluso mejorando las expectativas, ya que debe ser real. Y si es real, los mejores siempre superan las expectativas. Para ello, hay que ser humilde y aprender de la competencia todos los días, de manera que nos podamos anticipar en cada momento y seguir aprendiendo y mejorando constantemente.

Ser excelente es tener capacidad de re-aprender y rectificar en marcha. Cambiando la rueda que se pincha, sin necesidad de parar la maquina. Y trabajar a medio y largo plazo de una forma estratégica. Las tácticas a corto plazo, suelen desenfocar a las empresas y desvirtuar la visión de forma inmediata. Lo que nos lleva al fracaso sin previo aviso.

Ser excelente, es definir en un plan estratégico todo lo que queremos hacer para llegar a ser los Champions. Y aquí, es en donde se debe reflejar una política de inversiones, partners y alianzas e I+D+i, ligada al “core busines” de la empresa y nunca como una vía de potencial financiación a corto y medio plazo de algo que nada tiene que ver con nuestro negocio.

Ser excelente es tener la capacidad de aglutinar alrededor de nuestro proyecto a los mejores partners, a los que aportamos valor y que nos aportan conocimiento y experiencia, para juntos establecer una alianza ganadora y que nos permitirá desarrollar nuestro proyecto a largo plazo y de una manera sostenible. El gran reto de la pyme española es crecer sosteniblemente en el tiempo.

A falta de unas directrices estratégicas por parte de una administración, perdida en tácticas corto-placistas, tapando fugas y cosiendo rotos, sin una visión estratégica de estado, nuestra visión debe ser global y fijarnos una estrategia próxima a las necesidades y demandas globales. Especialmente en el sector de las nuevas tecnologías, en donde la competencia es altísima, el reto esta en la excelencia, la creatividad y la innovación. Creatividad e innovación, a los españoles nos sobra, pero capacidad productiva, rentabilidad y en definitiva, excelencia, nos queda mucho por andar. Pongámonos a ello como parte de nuestro entrenamiento diario y de esta manera nuestras oportunidades se multiplicaran de forma exponencial para poder no sólo competir, sino ganar. Esta liga es muy larga y el camino duro y difícil, sólo con entrenamiento diario, constancia y continuidad estaremos en disposición de alcanzar nuestro objetivo: Europa.

Buenas tardes y buena suerte.

 

Carlos J. Ochoa Fernández ©

 

 

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